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¿QUÉ ES LA MÚSICA CIRCULAR?

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Lo primero que hay que saber es que se trata de una práctica musical apta para todo el mundo, que no requiere conocimientos previos ni tiene límites de edad ni exige determinadas capacidades psicomotrices. Es una experiencia colectiva de encuentro a través de la música en la que cada unx trae lo que tiene y lo ofrece a un conjunto que le devuelve una experiencia trascendente. Es una forma de vivir la música que supera la división que suele establecerse entre artista-activo y público-pasivo ya que aquí todxs hacemos la música, todxs somos el artista, el público y el arte. Esto convierte a la música circular en una experiencia de des-apego con el propio ego que enriquece la capacidad de relacionarse con lxs demás, estimula relaciones cooperativas y afectuosas y resulta en general una terapia sanadora para el estrés y la depresión. Muchas de las actividades y juegos propuestos están inspiradas en la Pedagogía de la Cooperación.

¿QUÉ HACEMOS EN EL CÍRCULO?

 

La principal actividad en la música circular es el canto. Poner en funcionamiento la voz a través de melodías, tanto de canciones tradicionales como de creaciones espontáneas, unir la voz individual en la colectiva creando armonías poderosas y fluctuantes, cantando en modo responsorial al modo de la tradición afro, practicando mantras orientales, juegos de creatividad, comunicación e interacción, es decir, a través de una multitud de propuestas a modo de caminos para estimular la creatividad personal y grupal, con un permanente sentido del juego que nos hace estar presentes y abiertxs para conectarnos con lxs demás.Además de la voz, usamos todo el cuerpo como un gran instrumento musical. A través de distintas actividades exploramos las sonoridades posibles de nuestro cuerpo y las ponemos en acción, las usamos para comunicarnos y las ordenamos en discursos musicales, ejercitando la coordinación rítmica, estimulando las funciones cerebrales y el sistema motor de cada unx, creando secuencias individuales y grupales de MÚSICA CORPORAL (body music).

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Estas acciones ponen inmediatamente nuestro cuerpo en movimiento. Cuando la música pasa a través del cuerpo, al batir palmas y percutir todas nuestras superficies y usar los pies como tambores y coordinarlo todo, nos encontramos bailando. En vez de leer una partitura estamos dibujando una coreografía. Al poner el sonido en movimiento a lo largo del círculo, nuestros propios cuerpos empiezan a moverse en círculo también.

La consigna general es el juego: la vida es un juego y la música también, por ende aquí vamos a asumir esa realidad y a desarrollar nuestro sentido lúdico sin más limitación que el respeto por lxs demás. En el juego nos relajamos, nos olvidamos de nuestros temores, de la neurosis y del ego, nos entregamos al momento presente y de esa forma aprendemos de manera sorprendente, cantamos mejor, coordinamos ritmos como no creíamos ser capaces de hacerlo, de pronto nos encontramos actuando, interpretando un personaje en un juego de roles y, sobre todo, en el juego somos capaces de ver y escuchar, de re-conocer a quien tenemos al lado; en la práctica lúdica de la música experimentamos una conexión con lxs demás que permanece más allá del círculo.
 

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En resumen: en nuestros encuentros hay canto, percusión corporal y movimiento, a través de juegos que apelan a la atención, la escucha, la interacción, la creatividad y la coordinación, a través de la práctica de ritmos y melodías de distintas músicas del mundo, de ejercicios de vocalización, de la elaboración de coreografías y canciones circulares, de prácticas de improvisación, de meditación y conexión interpersonal, y un etcétera abierto a las inquietudes e iniciativas del grupo. En el fondo, de lo que se trata es de compartir un espacio de música y de libertad creativa para fomentar formas saludables de relacionarse que cada unx pueda llevar a su propia vida.

LA MÚSICA CIRCULAR COMO MEDITACIÓN

La música circular es una práctica musical grupal que apunta a la conexión del individuo con el momento presente y con las personas que tiene alrededor, a través del canto colectivo, la escucha y la interacción en diversos niveles. Es una práctica cuya raíz se remonta a los ritos más antiguos donde se cantaba en círculo hasta llegar a un trance: la trascendencia de los límites individuales, vivida como una experiencia sagrada. Hoy la ciencia más moderna confirma y explica el por qué de esa experiencia trascendente a través de la música –vibración– en círculo –perfección, reunión, flujo–. La teoría de la relatividad y la física cuántica han descubierto que en el fondo de la materia todo es energía en vibración; la materia no es más que un estado de equilibrio entre ondas vibratorias cuya sustancia última (si la hay) permanece desconocida. Esto es exactamente lo que sabe el budismo y demás filosofías orientales desde hace milenios, al decir nada brahma, “el universo es sonido”, el universo es vibración. Unos llegaron desde la introspección, otros desde la ciencia y el cálculo. El resultado es el mismo: el universo es vibración, es energía. El sonido es vibración. Cuando cantamos estamos haciendo que todo nuestro cuerpo vibre. Al vibrar, producimos y emanamos energía. Es un proceso de retroalimentación y su evidencia está en el bienestar que produce, tanto a nuestro alrededor como en nosotrxs mismxs. Es una forma de lo que se ha popularizado hoy como meditación. Por medio de la vibración sonora nos introducimos en un estado distinto al de la vida cotidiana, el tiempo-reloj se suspende y la mente se desprende de los pensamientos corrientes, ha comenzado a fluir un río de sonido y la mente navega ese río, y en ese navegar se desapega de todo lo que no fluye, se desprende del ego y sus preocupaciones, y así es capaz de encontrarse con el/la otrx, en una frecuencia vibratoria que moviliza los cuerpos y produce alegría, en un espacio en el que el juego es más que permitido, es bienvenido y conecta a las personas de manera inmediata, profunda, alegre y sincera, sana. El efecto es sanador en todo sentido, desde lo físico hasta lo mental y emocional. Tal como en la meditación trascendental, en la música circular nos relajamos, nos expandimos, nos conectamos, nos alimentamos y al salir notamos que respiramos mejor, que el cuerpo está fresco, que sonreímos, que en nuestra mente hay más pensamientos positivos y menos estrés, más autoestima y confianza en lxs demás, más energía para vivir la vida. Como dijimos, la explicación es tanto científica como mística: hemos vibrado, hemos removido todo lo estanco y fluido en un círculo que trascendió nuestra (ilusoria, pasajera) frontera individual. Es por todo esto que la música circular puede ser vista como una medicina, individual y social, una medicina del alma, del cuerpo y del grupo.

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